Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Sobre una experiencia de intervención comunitaria:

“Talleres de Arte para la Salud”

Lics. Antman, J., Falletti, V., Pantolini, R., y Petriella, C.

 

Introducción

 

Psicólogos y artistas nos hemos reunido con la intención de ofrecer un camino diferente al sufrimiento implicado en el desmembramiento del lazo social y su correlato, la ausencia de marco para la producción subjetiva. A través de la experiencia “Talleres de Arte para la Salud” proponemos una estrategia que facilite el proceso de integración social de aquellas personas que recibiendo o habiendo recibido un tratamiento psicológico y/o psiquiátrico, encuentran significativas dificultades para incluirse en diversas instituciones de nuestra sociedad y están interesados en transitar por un espacio cultural. Para propiciar dicho proceso apostamos a que espacios distintos al hospitalario puedan constituirse como referencias posibles.

 

Nos proponemos contar nuestra práctica, nuestra experiencia cotidiana, esperando que aporte su granito de arena al trabajo de todos en pos de un mejor tratamiento de la problemática de la locura, intentando romper con prácticas manicomializantes y cronificantes.

 

Estas modalidades de trabajo están encontrando su contraparte legal. Recientemente se ha sancionado la ley 448 de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires.

Esta ley, más allá de todo lo que se puede llegar a objetar en relación con el contexto socio-político en que se inscribe, es, sin lugar a dudas, positiva.

Encontramos en dicha ley el siguiente párrafo: “(teniendo en cuenta) Que la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires en su artículo 21 establece como lineamientos de la Ley Básica de Salud: ‘las políticas de Salud Mental reconocerán la singularidad de los asistidos por su malestar psíquico y su condición de sujetos de derechos [...]. No tienen como fin el control social y erradican el castigo; propenden a la desinstitucionalización progresiva, creando una red de servicios y de protección social.’”[1].

 

Podemos afirmar que nuestro aporte va en este sentido, y es de interés que Talleres de Arte para la Salud pueda inscribirse dentro de este marco pero con sus propias particularidades y concepciones teórico-ideológicas.

 

Freud, en el Porvenir de una ilusión, afirma que “La cultura humana [...] comprende todas las normas necesarias para regular los vínculos recíprocos entre los hombres, y en particular la distribución de los bienes asequibles”[2].

 

Si pensamos que el discurso neoliberal, hegemónico en la actualidad, excluye cada vez a mayor cantidad de población de las instituciones y redes de contención, podemos ubicar entonces una falla en la regulación de las relaciones de intercambio y de vínculos de reciprocidad.

 

La experiencia

 

Nuestra propuesta consiste en talleres de diferentes actividades artísticas coordinadas por un coordinador artístico, y un psicólogo; en este momento funcionan un taller de plástica y otro de teatro. La coordinación del psicólogo intenta establecer, a partir de la creación de un espacio cultural, ciertas coordenadas que posibiliten relaciones de intercambio, propiciando la real participación de la gente.

 

El dispositivo de trabajo lo fuimos desarrollando a partir de los siguientes objetivos:

 

Ø      Construir un ámbito participativo, de intercambio y cooperación colectiva, que propicie relaciones intersubjetivas;

Ø     Propiciar la integración de los participantes en otros ámbitos de la cultura y la sociedad;

Ø      Construir nuevas herramientas de intervención en salud mental para abordar, rescatando la singularidad, colectivos humanos en espacios alternativos a la atención hospitalaria;

Ø     Fortalecer, desde esta experiencia, la desarticulación de la estigmatización operante a nivel social, referente a las diferentes formas de “locura”, y promover de esta manera, la construcción de redes sociales de sostén.

 

¿Para quiénes está pensada en particular la propuesta?, ¿Cómo promover la real participación de quienes llegan desde el lugar de pacientes, ya sea de consultorios externos, hospitales de día, o de servicios de internación en sus días de salida?, ¿Por qué el acento puesto en la participación?

 

En relación con el “para quién se nos abre el siguiente interrogante.

 

La propuesta es abierta pero pensada específicamente para quienes tienen dificultades que les impiden participar de cualquier espacio cultural de la ciudad, cuyo padecimiento subjetivo está relacionado con la ausencia de espacios donde sean alojados y reconocidos como sujetos.

 

Tomando las entrevistas de recepción como espacio de escucha de quien se trate en cada caso, se nos plantea la dificultad de definir quiénes son los que realmente tienen dificultades.

Las personas que se acercan lo hacen por diferentes vías, viendo un afiche en el hospital, por volantes, derivación o sugerencia del psicólogo. De esta manera nos encontramos con cierta heterogeneidad, propia de un espacio cultural, la cual nos interesa soportar y sostener, con las dificultades que la misma conlleva para la realización de las actividades.

No es lo mismo la inclusión en un taller para alguien que tuvo durante un tiempo cierta trayectoria por espacios culturales, que para quién su único lugar de inserción social es el hospital. Proponer un espacio de taller en un Centro Cultural tiene esta particularidad, permitiendo a cada sujeto tomar la decisión de continuar.

 

La función del psicólogo

 

La realización de “Talleres de Arte para la Salud” ha sido ocasión para pensar cuestiones en torno al rol profesional del psicólogo.

No se trata de utilizar la interpretación como recurso de intervención, sino más bien de acompañar un proceso que genere y fortalezca el lazo social entre los integrantes, potenciando los espacios de apertura y cierre de cada taller, posibilitando que éstos se constituyan en momentos privilegiados de registro y elaboración de lo acontecido, incentivando el interés de los participantes por ser escuchados y escuchar a los otros en su singularidad, con la tolerancia por la diferencia que esto implica.

 

Los interrogantes que surgen tienen que ver con la función del psicólogo dentro de este dispositivo: coordinando un taller, junto al tallerista (de plástica o teatro) en un espacio lúdico, ¿con qué herramientas cuenta para generar un ámbito participativo? Para lograrlo es necesario no solo escuchar sino también intervenir desde el lugar de coordinadores con técnicas que permitan la producción colectiva y el surgimiento de la singularidad.

 

En este sentido y luego de cierto recorrido en la coordinación compartida, pudimos ubicar la necesidad para el psicólogo del manejo de diversas técnicas grupales como herramientas de trabajo que propicien la participación y el intercambio, ya que creemos que es desde ahí, donde podemos pensar la posibilidad del lazo social y la producción subjetiva.

 

Estamos ubicados en un lugar en el que, como coordinadores, atendemos al devenir de lo singular y lo grupal que se genera a lo largo del taller, planificando estratégicamente cada actividad. En consecuencia se ha estado atento a cuáles eran las técnicas más convenientes de implementar en función de los objetivos buscados, teniendo en cuenta las características de la población destinataria. Los efectos del trabajo se manifiestan también durante la semana cuando, por ejemplo, un participante llama a la institución para comentar que se quedó pensando acerca de las actividades, u otro para decir que retomó la pintura. También se reúnen durante la semana para ensayar una tarea del taller de teatro, o se van a tomar un café entre taller y taller.

 

Los talleres y el hospital: Relaciones problemáticas. El “adentro” y el “afuera”

 

Nuestra relación con lo hospitalario se nos planteó como problemática, en tanto en un principio la suponíamos como una relación con “El Hospital”, como algo generalizable y reproducible cada vez, mientras que la práctica nos demuestra que los lazos se establecen de manera particular con cada profesional y en relación con cada paciente. Análogamente, creemos que la inclusión de los participantes en los talleres es una fuente de problemas para ellos, porque se trata de crear un lazo social, es decir -parafraseando a Freud- de entrar en el malestar cultural, lazo que se recrea cada vez, en cada encuentro particular.

 

El vínculo que queremos generar con los profesionales que eventualmente sugieren nuestro espacio a algún paciente, intenta no reproducir al tradicional de “derivación”, ya que apostamos al compromiso subjetivo que implica una elección por parte del interesado. Sin embargo, no siempre se cumple esta expectativa, y nos vemos confrontados con que, si bien pensar a los participantes como sujetos comprometidos en su decisión de comenzar el taller es un supuesto necesario en tanto fundamento ético de nuestra práctica, dicho compromiso muchas veces se construye en el transcurso del taller, en la diferencia entre “lo esperado” (una prolongación de su espacio terapéutico en el hospital) y “lo hallado” (un espacio cultural).

 

Resulta ilustrativo lo planteado por uno de los participantes del taller de teatro, quien comenta, al cierre de un encuentro, la ansiedad que le genera tener que enfrentarse al contraste entre lo bien que lo pasa en el taller y lo mal que lo pasa afuera, a lo que agrega que es lo mismo que le pasa con el psiquiatra, con el que se siente bien, pero que después se tiene que enfrentar con el afuera. En esta oportunidad, se intervino marcándole el hecho de que el taller pertenece al “afuera”.

 

Aceptar a cada participante en su modo particular de incluirse a nuestra propuesta, implica en muchos casos sostener en principio una continuidad con lo hospitalario. A partir de esta continuidad, que parece ser en muchos casos la condición de posibilidad para incluirse en un lugar nuevo, introducimos la discontinuidad, en tanto el espacio funciona con una lógica propia y diferente respecto de lo hospitalario.

 

Retomando el ejemplo, si bien nuestra posición es la de sostener al taller como parte del “afuera” de entrada, algunos requieren un primer tiempo de apropiación del espacio en términos de “adentro”, para que aquel a priori se constituya como verdad para ellos.

 

El espacio del taller ofrece un marco simbólico para crear, no necesariamente productos artísticos sino fundamentalmente, a través del arte, formas de vincularse con otros, en tanto el arte permite una comunidad –un vivenciar en común– diferente al fenómeno de masa, ya que respeta y sostiene la diferencia. Nuestra propuesta no pretende enseñar a hacer lazo social (ni eso sería posible), sino abrir un espacio en el que, a partir de vincularse con otros, los participantes comiencen a confrontarse con los problemas que esto conlleva. Por ejemplo, uno de los participantes del taller de plástica plantea su dificultad para trabajar en grupo y pide a la coordinación que dé pautas para hacerlo. A partir de esta pregunta singular en torno al trabajo grupal, surge un intercambio de pareceres entre los participantes con relación a sus dificultades para formar parte de grupos.

 

Cómo continuar...

 

A partir de nuestro deseo de desarrollar y sustentar en el tiempo nuestro proyecto es que hemos creado “Estación Cultural”, una Asociación Civil sin Fines de Lucro y una página Web[3], que nos permita gestionar recursos, establecer vínculos y fomentar un trabajo en red con otras instituciones y participantes de la comunidad.

 

Entre los que hacemos los talleres de arte para la salud, coexisten distintas miradas del quehacer del psicólogo y el rol del mismo en la sociedad, pero creemos que lo importante es partir de un problema y complejizarlo. Así, desde diferentes perspectivas, logramos aunar una mirada sobre el tratamiento de la locura, basada en la participación, el sostenimiento de las diferencias y en la singularidad de cada persona pero también teniendo en cuenta una mirada más amplia, desde un marco legal, institucional y político que determina todo tipo de prácticas.


Autores

 

Lic. Julián Antman

Lic. Valeria Falleti

Lic. Raquel Pantolini

Lic. Carolina Petriella

 

Equipo de trabajo

 

Lic. Julián Antman

Lic. Valeria Falleti

Lic. Raquel Pantolini

Lic. Carolina Petriella

Lic. Verónica Messenzani

Lic. Andrea Perrazo

Violeta Bernasconi, Artista plástica

Lorena Bossi, Artista plástica

 

Colaboradora

 

Lic. Valeria Pippo

 

Agradecemos el apoyo y la dedicación a:

 

Silvia Salti, Andrea Frenquel, Alberto Sava, Sarita Polonsky, José Zuberman, Isabel Dujovne, Susana Epstein, Nahuel Bonn y Matías Plau.

 



[1] Ley de Salud Mental, citando en los “considerandos” a la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, Art. 21.

[2] Freud, S.: “El porvenir de una ilusión” (1927), en Obras completas, Amorrortu Editores, Bs. As., 1991, Vol. XXI.

[3] www.estacioncultural.org.ar