EL
TRABAJO AD-HONOREM EN LOS PSICÓLOGOS. UN ACERCAMIENTO A LA INSERCIÓN
PROFESIONAL.
Autor:
Lic. Julián ANTMAN
Becario
de Investigación UBACYT, Categoría Maestría. Proyecto: “Representaciones
Sociales acerca del quehacer Profesional del Psicólogo: el caso de las
Concurrencias de Salud Mental de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, Dpto. IV,
Ciclo Básico Común, Universidad de Buenos Aires. Director Dr. Héctor Scaglia.
Lic. Julián ANTMAN
Argañaraz 61 Dpto. 4 – Capital
(1414)
Teléfono: 4864-2455
E-mail: dyl@arnet.com.ar
Web site: www.julianantman.com.ar
Introducción
Honor: (Lat. Honorem)
Cualidad que impulsa al hombre a conducirse con arreglo de las más elevadas
normas morales, para conservar su propia estimación y merecer la consideración
y respeto ajeno.
Honorario: Remuneración que
reciben aquellas personas dedicadas a profesiones liberales[1]
En el comienzo de las
indagaciones sobre diversas temáticas relacionadas con el quehacer del
psicólogo, para las observaciones que describiremos a continuación, elegimos
circunscribirnos a una materia muy poco investigada: el trabajo ad-honorem.
La intención del presente
análisis es doble. Por un lado, aproximarse a una historización de la inserción
profesional ad-honorem en el Psicólogo; por el otro, observar cómo los
recientes graduados y futuros concurrentes, se posicionan respecto al trabajo
ad-honorem, sus sensaciones, opiniones, valoraciones.
El objetivo principal,
entonces, es presentar el tema e intentar abrir visibilidad y problematización
sobre el campo de la inserción del Psicólogo y su relación con las
Representaciones de su práctica y la formación, en especial, en la Universidad
de Buenos Aires.
Las entrevistas realizadas
tuvieron lugar a mediados del mes de mayo en el Salón de Actos del Colegio
Bernasconi de la Ciudad de Buenos Aires. Se celebraba la Adjudicación a
Residencias y Concurrencias de Salud mental, en la especialidad Psicología
Clínica.
El evento se desarrolló en
dos partes, una primera muy breve, para la adjudicación de los 26 puestos que
se otorgan a las Residencias y la segunda con una duración de aproximadamente
1:45 Hs. para los 302 lugares ofrecidos para Concurrencias.
La elección de los
entrevistados fue arbitraria, durante en transcurso del evento, en el Hall del
salón, circulaban permanentemente Psicólogos (a veces en grupo, otras solos) y,
grabador en mano, se les planteaba el marco de la investigación y se efectuaba
la entrevista. Tres de los consultados (dos mujeres y un varón) resultaron
conocidos por el entrevistador.
La intención fue realizar un
sondeo de algunas temáticas a la mayor cantidad de Psicólogos posible y no
realizar indagaciones extensas, por ello, a pesar de ser entrevistas
semi-estructuradas, hubo abundantes y ricas problemáticas que surgieron y no
pudieron ser trabajadas. Las preguntas fueron: 1. Porqué querés hacer la
Concurrencia?, 2. Sabés lo que tenés que hacer como concurrente? Qué quisieras
hacer?, 3. Te hace algún ruido el tema de no cobrar durante los cinco años?, 4.
Vos pensás que vas a poder terminar la Concurrencia? Querés terminarla?
La recepción en general fue
muy buena, hubo disponibilidad para contestar las preguntas y solo en dos
oportunidades no se aceptó la propuesta.
Se entrevistó a un total de
18 futuros Concurrentes, 15 mujeres, que representa un 83% del total y 3
varones. El promedio de edad de la muestra es de 26 años, siendo el mayor un
varón de 32 y la menor una psicóloga recién graduada de 24.
Se efectuaron 8 entrevistas
individuales, 3 en parejas y una grupal con cuatro Psicólogos.
No se pudo indagar acerca de
con quién vive el profesional, pero a partir de algunas respuestas, se advierte
que la mayoría de las mujeres entrevistadas vive con los padres o esposos y el
sustento está garantizado por ellos.
Previo al análisis de las
Representaciones de los futuros Concurrentes, indagaremos la prehistoria de
este colectivo que comenzamos problematizar.
Muchos son los trabajos que
versan sobre la Historia de la Carrera de Psicología, su configuración, sus
actores, la profesionalización de los Psicólogos, la inserción Hospitalaria,
etc. En particular es muy fructífero (y la exposición que por estos días se
encuentra en la Facultad de Psicología de la UBA es la cabal demostración de
ello) el período que va del 57 al 66[2].
Lo que nos interesa remarcar
de esta “época dorada” junto con el período siguiente, anterior a la dictadura
del 76, es su fundante marca en lo que hace a la inserción de los Psicólogos.
Transcribimos textuales tres
impresiones de aquel tiempo en relación con la inserción profesional:
“Otra forma de participación
fue la de pasar a ser docentes de aquellas materias que recién habíamos cursado
(ad-honorem, por supuesto)” (Langleib, 1983: 13).
“Recuerdo que en 1962, aún
no recibida, fui con una compañera a ver al Jefe de una Sala de Pediatría. Nos
autorizó a trabajar dos horas, dos veces por semana; en 1965 formábamos un
equipo de 15 psicólogos y médicos que atendía todos los días hasta las 18”
(Cheja, 2002: 6).
Los dos relatos anteriores
corresponden a psicólogas graduadas en los años 60. El que sigue, tiene como
autor a un Psiquiatra-psicoanalista, pero resume las características de
inserción en lo público de los años 60 y 70.[3]
“El clima exitista fue
propicio al boom del psicoanálisis [...] se fue instaurando, en los actores de
‘lo psi’ una subjetividad, que fue costando cada vez más separar del entusiasmo
que sentían por participar de un modelo social-profesional prometedor [...].
Todo esto encontró en los Servicios de Psiquiatría de los Hospitales Generales
[...] una profesionalidad identificada con un porvenir sin obstáculos. En su
perfil confluía el altruismo de una práctica que lucía ‘honoraria’ en lo
hospitalario y provechosa en la consulta privada. Esa ecuación de popularidad
matutina y prestigio vespertino, reproducía la tradicional imagen médica que la
‘peste’ freudiana había amenazado subvertir” (Blas de Santos, 1997: 122).
Lo que se intenta referir
con las citas precedentes es el escenario (incompleto, por supuesto), en el
cual se inscriben las primeras prácticas e inserciones profesionales del
reciente configurado campo de la Salud Mental.
La intención es recortar
específicamente la temática de la inserción profesional, sabiendo que se deja
como telón de fondo, una rica y compleja historia con múltiples determinantes:
desde un particular contexto político y económico tanto local como global,
hasta la configuración singular que va adquiriendo la formación y práctica en
el campo “psi”.
Entendemos el espacio de las
prácticas profesionales de los recientes graduados como una bisagra, como el
espacio fundante en el presente que se articula con un pasado (la formación) y
un futuro más o menos lejano, complejo y por construir representado por la
identidad profesional.
Las primeras camadas de
psicólogos graduados poseían, en el auge de esta ola “exitista” (creada y
sostenida en gran parte por ellos), una gran avidez por el nuevo conocimiento
en un amplio sentido y esto era notorio, precisamente, en su interés por la
calidad de la práctica y el nivel de compromiso de las primeras inserciones.
La apertura a nuevos campos,
el pensamiento crítico, la creatividad, la salida al ámbito público y el
trabajo en y para la comunidad, signaron, para la gran mayoría de los actores
de aquella obra, los primeros pasos en lo profesional.
Hugo Vezzetti resume lo
dicho hasta aquí: “Esa extensión inicial del psicoanálisis (la creciente
intersección con discursos de las ciencias sociales, la penetración en la
carrera de Psicología de la UBA y la inclusión "integradora" en zonas
del dispositivo hospitalario) se caracterizaba por una notoria vocación pública
en la definición de los problemas y las estrategias de intervención” (Vezzetti,
1998).
Esta rica historia de
inserciones y aperturas al ámbito público, que continúo de alguna manera luego
del 67, se termina de quebrar con la dictadura militar del 76; los Servicios de
Psicopatología son devastados y la Facultad de Psicología es intervenida.
Si hubo una explosión hacia
lo público años atrás, los tiempos de la dictadura representan el
abroquelamiento en lo privado. Esta necesidad de resguardarse del afuera, se
plasma de manera palmaria en la multiplicación de los grupos de estudio
psicoanalíticos (García, 1983).
En la misma época, el
Decreto N° 1499/977, publicado el 6 de mayo de 1977 en el Boletín Municipal N°
15.513, establece “el sistema de concurrencia honoraria a los hospitales
municipales para los profesionales del arte de curar, médicos, bioquímicos y
odontólogos en el carácter de perfeccionamiento de postgrado de sus respectivas
carreras universitarias”.
Más allá de esta
institucionalización, en el contexto de finales de los 70 y comienzos de los
80, no es lo mismo, sobre todo para los Psicólogos, que ni siquiera son
legítimamente reconocidos, insertarse “por el honor”.
Luego de 24 años de pelear
por un título habilitante para practicar la psicoterapia, de la mano de la Ley
de Ejercicio Profesional de 1985, el psicólogo es habilitado legalmente para
“ejercer el arte de curar”. Pero deberá esperar todavía un año más para que,
llegada la Resolución 45/986, se legalicen finalmente las Concurrencias, y con
ello cobre formalidad una situación que, de hecho, venía ocurriendo en los
Servicios de Psicopatología desde hacía ya varios años.
Si hasta ese momento, los
psicólogos ejercían la profesión clandestinamente y sin cobrar, pero a partir
de una creencia de apertura pública y comunitaria, ahora lo hacen legalmente,
ad-honorem y en pos de una formación oficial de postgrado que, lentamente,
comienza a sostener la Atención en Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires.
Queda claro que es
fundamental indagar y observar los determinantes contextuales. Los primeros
psicólogos trabajaban gratis porque estaban configurando un nuevo campo, todo
estaba por hacerse. Los “segundos”, los que salen a la luz con la democracia,
luego de varios años de clandestinidad, inician una nueva oleada de apertura
pero, definitivamente desde otro lugar; las marcas de la dictadura, los años de
secretos grupos de estudio, los exilios de las figuras del pasado reciente,
entre otros condicionantes[4],
configuran otra Salud Mental que determinará una particular configuración de
las relaciones Psicología-Psicoanálisis-Hospital-Formación-Comunidad.
Sobre este distintivo
reordenamiento de fuerzas es que se instala la Concurrencia en Salud Mental.
Lo condensado en la frase de
Blas de Santos para los 70, tiene su contraparte, treinta años después, en la
cita de una de nuestras entrevistadas:
“[...] pero necesito urgente
gestionar otro trabajo económico... que me rinda plata. Ahora la perspectiva es
a la mañana dar la Concurrencia y a la tarde Mc Donals, Telemarketer, lo que
sea...” (Mujer,
25 años).
¿Será esta una retraducción
posible de la frase “popularidad matutina y prestigio vespertino” para los
comienzos de siglo en el psicólogo graduado recientemente?
Prácticamente todos los
psicólogos y psicólogas que pudimos entrevistar, desean hacer la concurrencia
por formación, experiencia, contactos; como una forma de insertarse
laboralmente, para aprender o atender pacientes. En menor medida nombran la
posibilidad de supervisión y participar de ateneos.
La mayoría de los futuros
concurrentes dice no creer poder o no querer terminar los cinco años que
demanda la concurrencia.
En lo específico del tema
que nos convoca, la muestra obtenida no parece totalmente homogénea en su
posicionamiento frente al trabajo ad-honorem en la Concurrencia.
Por un lado se ubican las
que tienen clarísimo su objetivo: “Lo que yo quiero hacer, y por lo cual no
agarraría otro cargo que no sea eso es clínica, a mi siempre me intereso el
Psicoanálisis de adultos, no me voy a meter en familia, en niños ni nada por el
estilo, voy a hacer así, adultos, clínica por eso me interesa muchísimo el
Ameghino; que es un centro de Salud mental, no un hospital general, con una
posición psicoanalítica bastante lacaniana, conocido por eso, ahí quiero ir
yo”. (Mujer, 27 años)
Por otra parte se encuentran
fuertes críticas, en especial provenientes de dos de los tres varones
entrevistados: “Me jode, me jode mucho, me jode mucho digamos, a partir de
que das el examen y comienza todo el proceso de averiguar puntaje, ranking,
apelaciones, venir a... es todo un proceso de bronca, para alguien que se
preparó” (Varón, 26 años). “Jode muchísimo, porque habiendo ñoquis que
por rascarse los pies digamos, cobren guita y que seamos nosotros mas de 300
concurrentes laburando gratis en algo que se necesita cuando hablamos de salud
me parece nefasto...” (Varón, 32 años).
Tampoco hay coincidencia
frente a otro punto interesante de la discusión, la Concurrencia, ¿es un
trabajo?
“Considero que es un
trabajo, de todas maneras, aunque no haya retribución, lo que pasa es que se
complica en algún punto sostenerlo como trabajo y al mismo tiempo porque no me
parece que sea lo que yo me merezco digamos, me parece que por la formación y
por todo el trabajo que yo estoy haciendo merecería cobrar por lo que hago,
lógico...” (Mujer,
25 años).
Otra concurrente opina
distinto: “[la concurrencia] me parece una explotación por parte del Estado
y un abuso, pero dada la situación hoy en día es bastante complicado porque
para entrar a una prepaga por ejemplo necesitas 5 años de experiencia y palanca
[...] es difícil asociar la Concurrencia como un trabajo al no recibir
remuneración” (Mujer, 26 años).
Pero en este tema, no todo
es resignación o espera por un merecimiento, aparecen también contradicciones:
“Para mi trabajar significa cobrar por un trabajo, si no se termina haciendo
asistencialismo o algo parecido, [...] la actividad que se desarrolla, o que yo
aspiro a desarrollar me interesa porque quiero aprender... yo estoy en
contradicción permanente... yo se que si... el sistema en el que yo me meto, en
parte está, el sistema quiero decir, que hay tanta gente que labura sin cobrar,
está porque hay tantos que nos metemos y lo sostenemos, esto es así...” (Varón,
26 años).
Este último comentario
aparece también en otra de las entrevistadas. En relación con esto se indagó
acerca de las posibilidades de cambio: “hay posibilidad de cambiarlo,
nosotros lo hablamos, por supuesto, las charlas con los amigos, con los
compañeros comienzan diciendo, bueno, que todos los estudiantes vayan y tomen
los hospitales, que se logra?, nada, se logra una manifestación simbólica de un
descontento respecto de cómo funcionan... de los mecanismos, si, yo no creo que
haya nada inamovible, lo que pasa es que salir de la facultad... yo me encontré
muy solo, no hubo... yo no me sentí, pero tampoco lo hice porque quizás tampoco
lo busqué, digamos, venís de una institución muy totalizadora, como era una
facultad, y salís a la nada, vos profesional recibido a ver que podes hacer, y
es difícil, te tenés que juntar con gente” (Varón, 26 años).
En una de las entrevistas a
dos Psicólogas, en el diálogo aparecen puntos interesantes para retomar a
partir de la participación y la visualización de ciertos aspectos de la
representación del quehacer del psicólogo:
“Muchos servicios y muchas instituciones
estatales se mantienen por gente que no cobra nada [...] si nadie lo haría, no
existiría tanta gente que labure gratis... si nadie labura gratis, no sé... o
no habría ningún Servicio...creo nosotros como profesionales capaz que
deberíamos, no se, organizarnos de algún modo para valorarnos nuestro
trabajo...[...] reunirnos y hablarlo, lo que pasa que cómo hacés... bah, yo no
tengo así una cosa tan política, me parece que tiene que ser alguien con
iniciativa y que quizás mucha gente se engancharía, pero yo no me siento con
ganas de ponerme a organizar eso pero...” (Mujer, 24 años).
Si, pero además a los
psicólogos nos cuesta ponernos en nuestro lugar y decir “nosotros cobramos”, y
creo que es una de las pocas profesiones que laburan tanto tiempo sin ganar
nada, y que además es como el único modo de insertarse laboralmente es empezar
a trabajar sin cobrar, gratis... (Mujer, 26 años).
Como señalábamos
anteriormente, no hay un acuerdo general en relación con la totalidad de las
temáticas indagadas; si bien en la mayoría se percibe un malestar en relación
al no cobro, las valoraciones son muy diferentes: “A mi se me ocurre que el
Estado nos dio la posibilidad de cursar la carrera ad-honorem también, entonces
nosotros es como retribuir en cierta forma lo que uno usó y que uno transcurrió
y también es a nivel formación te estás capacitando, así que me parece que
desde todo punto de vista ganás, más allá de que obviamente sería bárbaro poder
cobrar, pero si podes organizarte los horarios para trabajar y para poder
cursar la Concurrencia... y bueno..” (Mujer, 28 años). Lo que llama la
atención de esta cita es la clara diferencia que se hace entre trabajar, por un
lado y Cursar la Concurrencia por el otro, como si fuera una materia más.
Problematizando...
Son varios los posibles
interrogantes que dejan los recortes de las entrevistas y la historia de la
inserción profesional.
Queda claro que existe
cierto malestar actual frente al trabajo ad-honorem, pero... ¿Existe
posibilidad de hacer algo con esto? ¿Cuál es el grado de determinación de la
formación del psicólogo? ¿Se relaciona el trabajo ad-honorem y la imposibilidad
de ver una salida con la representación clínica hegemónica? Esperamos poder
promover la indagación y la construcción de éstos y otros interrogantes,
intentando profundizar en la formación, inserción e identidad del psicólogo.
Concluimos con una cita de
una de las entrevistadas que hace un comentario nodal: “a mi me inquieta
digamos, [...] lo que me inquieta más que nada es después de la Concurrencia
qué... porque no veo inserción...” (Mujer, 25 años).
Bibliografía
Cheja, R.: “El devenir de una praxis”, Revista “Psicología”,
Publicación Mensual Informativa, Año 12, N° 105, Junio de 2002, Facultad de
Psicología, UBA.
De Santos, B.: “De la necesaria distinción entre orígenes y
principios... o de cómo la cronología no hace historia”, en Clepios, Una
Revista para Residentes de Salud Mental, N° III, Vol. 3, Buenos Aires,
septiembre-noviembre 1997.
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SSP y MA N° 45/986”, Boletín Municipal 17.763, Publicada 15/4/1986, Buenos
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consultado entre los meses de febrero y junio de 2002.
García, M. J.: “Veinticinco años de la Carrera de Psicología”,
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inserción profesional de los Psicólogos de la Universidad de Buenos Aires
durante el primer año posterior a su egreso”, Beca de Estudiante UBACYT, Dirección
de Investigaciones, Facultad de Psicología, UBA, Buenos Aires, 1993. La
copia de este trabajo utilizada para la presente investigación se obtuvo en la
Biblioteca de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
Harari, R. y Musso, E.: “El
psicólogo clínico en la Argentina”, en Revista Argentina de Psicología,
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Langleib, M.: “Crónica de la Creación de la carrera de
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Litvinoff, N.: “El psicólogo y su trabajo: Estudio preliminar”, en Revista
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1970.
Rossi, L.: “La Psicología antes de la profesión. El desafío de ayer: instituir las
prácticas”, EUDEBA, Buenos Aires, 1997.
Vezzetti, H.: “La Psicología y los
psicólogos en la Argentina”, Diario Página 12, 15 de octubre de 1998, Buenos
Aires.
[1] Diccionario Enciclopédico Planeta, Tomo quinto, Editorial Planeta, Barcelona, 1984, pág. 2492.
[2] Muestra “Del 57 al 66... Imágenes de un proyecto”, inaugurada el 27 de junio de 2002 en el Centro Cultural Universitario de la Facultad de Psicología de la UBA.
[3] Es importante mencionar, ya que la cita no da cuenta de ello pero sí el texto en su totalidad, que Blas de Santos es sumamente (auto)crítico con la subjetividad profesional construida en aquellos años.
[4] No es nuestra intención agotar los complejísimos factores de esta situación en el presente escrito, quedan planteados para ulteriores indagaciones.