“El mundo del revés nos enseña a padecer la realidad
en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar
el futuro en lugar de imaginarlo...”
Eduardo Galeano, “Patas Arriba, La
escuela del mundo al revés”[1]
“[...] (de) tres fuentes proviene nuestro penar: la
hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo y la
insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre los
hombres en la familia, el estado y la sociedad”.
Sigmund Freud, El malestar en la en la cultura.[2]
Promediando la carrera de psicóloga en la UBA, comencé a
imbuirme de la Historia de la Salud Mental. A partir de un intento fallido de
trabajo en el Servicio de Psicopatología del Hospital Evita de Lanús, intenté
analizar y descubrir lo que representó para la Salud Mental de Argentina en
particular y de Latinoamérica en general aquella experiencia[3].
Desde ese momento, me convencí de la necesidad de rever las actuales
problemáticas de la Salud Mental y, sobre todo, de la exigencia de intentar
conceptualizar una mirada crítica sobre la formación, las distintas prácticas y
los roles del psicólogo de hoy.
La mayor motivación para escribir este texto diría que fue un “malestar”. Un fastidio cotidiano que hizo las veces de disparador y me permitió arribar a un análisis sobre el rol del psicólogo actual, intentar alcanzar un “más allá de la queja” (lugar muy común entre nosotros) y al deseo de complejizar sobre una temática que aparece invisibilizada, estancada y que es necesario revertir, pero no un revertir momentáneo o coyuntural, sino partiendo de la construcción de una Salud Mental distinta, creativa y participativa.
Mi malestar parte de la siguiente pregunta: ¿Porqué está
visto como algo absolutamente obvio y normal que los psicólogos trabajemos
gratis, ad-honorem?[4]
Existen
muchas posibles respuestas para este interrogante que desarrollaré e intentaré
analizar, no para aseverar o afirmar una opción u otra, sino para ampliar y
debatir sobre las mismas. Aquí van algunas...
A.
Porque
queremos agradecer de alguna forma a la comunidad y a no se sabe quién más y
porqué la gran posibilidad de haber estudiado ¿Gratis? en la Universidad
Pública;
B.
Porque,
básicamente, en Argentina hay 38.000 psicólogos, 105 por cada 100.000
habitantes. Por supuesto que en el interior la cifra ronda los 8 por 100 mil y
en Buenos Aires 500 por 100 mil;
C.
Porque,
y en conexión con el punto anterior, la demanda de trabajo es muy, pero muy
superior a la oferta;
D.
Porque
el 85% de los psicólogos que ejercen profesionalmente elige la clínica como
área de trabajo[5];
E.
Porque
la Facultad de Psicología de la UBA forma psicólogos con una mínima capacidad
de iniciativa, una ínfima posibilidad de pensamiento crítico y una capacidad
inconmensurable para la repetición que es digno de admiración;
F.
Porque
históricamente así se fue dando y en los últimos tiempos, acrecentando;
G.
Porque
el pago por medio de la “experiencia” es más que suficiente y estamos
orgullosos de eso;
H.
Porque
no nos queda otra si queremos insertarnos a trabajar y ganar experiencia;
I.
Porque
“En la medida en que el Estado comenzó a restringir sus prestaciones y la
demanda de atención en salud mental creció en los hospitales, junto al aumento
notable del número de profesionales ‘psi’, se difundió el llamado trabajo
ad-honorem, es decir una asignación de tareas en el sector público de la salud
sin retribución al profesional que las asumía”[6];
J.
Porque
no nos damos cuenta que estamos sosteniendo el Sistema de Salud Mental gracias
a nuestro trabajo gratuito;
K.
Porque,
simplemente, no nos genera ningún malestar (como se ve, no es mi caso).
No es mi intención hacer un análisis pormenorizado de los
puntos anteriores (que no completan la lista de respuestas, por supuesto), lo
que sigue son algunas reflexiones ligadas a ellos.
Como primera y breve idea, me llama la atención esta
inaugural respuesta que suele darse (ver punto “A”). No se está hablando aquí
de realizar trabajos de extensión universitaria o de una investigación con gran
externalidad sino de tapar baches, cubrir espacios que, por derecho, tendrían
que ser rentados y responder a otros dispositivos. Por otro lado, con relación
a la gratuidad de la Universidad Pública se desliza la misma representación
falaz que con el Hospital Público: la UBA no es gratuita, la pagamos todos
nosotros con los impuestos.
La invisibilidad poco casual de este punto que parece tan
nimio pero que considero nodal, contribuye a colaborar ciegamente con un
sistema tanto de salud como de educación que es absolutamente perverso.
Otro
punto importante se relaciona con la carrera de Psicología.
Una
hipótesis para desarrollar es la siguiente: el alto grado de especificidad
hacia lo clínico-individual en la formación, trae como una de las consecuencias
más importante, la imposibilidad de pensar al psicólogo como agente de cambio,
entendido como actor social con herramientas para generar la construcción de
una realidad distinta, mas justa, equitativa y con la posibilidad de ser motor
de un pensamiento crítico.
Vamos a conceptualizar esto último como escasez o falta de
las tres “C” fundamentales (cualquier semejanza de estas iniciales con la
realidad es mera coincidencia): La falta de Creatividad, Crítica y Creación de
nuevos espacios se debe, entre otros determinantes, a una formación que tiende
a aplacar la creatividad, evitar el pensamiento crítico y fomentar el
individualismo y las opciones únicas.[7]
En relación con el psicólogo graduado existen básicamente
dos opciones.
La primera y más común es trabajar gratis, ad-honorem, sin
cobrar un peso pero ganando experiencia en la clínica tan querida, buscada,
deseada y anhelada a partir de la concurrencia, sosteniendo así, prácticamente
el 70% de las prestaciones de Salud Mental en el sector público. A esto se le
agrega un detalle: los concurrentes de ciertas instituciones están obligados a
pagar un seguro de mala praxis; en otras palabras, entre los viáticos y el
seguro, se está pagando, y caro, para sostener el Sistema de Salud Mental (no
olvidemos que en esta caso también ya está abonado y con creces, por los
impuestos de todos los ciudadanos).
Por otro lado, nos encontramos con la alternativa de tener
que esperar a la llegada del salvador y siempre deseado “examen de residencia”,
si, ese redentor momento donde miles de psicólogos se juntan y del que surgirán
como el ave fénix los elegidos, los nuevos tocados por la varita mágica, los 26
o 27 afortunados que podrán, durante 4 o 5 años, además de ser la envidia de
los otros 1474 incautos, trabajar en el paradisíaco mundo de la psicoterapia
asalariada, para luego ser despojados de todo... a no, todo no, siempre nos
queda la experiencia (y, tal vez, con suerte, algún paciente que se haya podido
pasar a privado -de acuerdo al sector donde se haya trabajado-).
Pero atención, están comenzando a surgir otras
alternativas. A partir de la precarización laboral y llevados por las ganas de
hacer clínica, pequeñas asociaciones de psicólogos reciente y frágilmente
creadas intentan obtener pacientes por medio de folletos y volantes...
¡Entregados en la puerta de la Facultad!!!; también se realizan charlas o
talleres para el mismo fin, aunque en este caso, cuando se hacen seriamente,
pueden hasta reemplazar tareas que le corresponderían al Estado[8].
El sector privado no se queda atrás e intenta captar, por medio de pasantías
precarizadas ad-honorem y con la garantía a futuro de atender pacientes, a los
cautivos recién recibidos que desean ejercer la clínica.
Por último, si a algún egresado le interesa otro ámbito, ya
sea la investigación, lo forense, educativo, comunitario, laboral, etcétera, la
tendencia del trabajo ad-honorem no solo continúa sino que, en algunos casos,
se acrecienta.
Se podría concluir que en los dos extremos de las posibles
prácticas, encontramos el siguiente panorama:
Por un lado, lo comunitario, donde el imaginario actúa
deslizando estas experiencias hacia la filantropía, quedando legitimada así, la
obviedad del trabajo gratuito. En este caso, la lógica que impera responde a la
beneficencia, donde los “ricos profesionales” trabajan para ayudar a los
“pobres marginales”; sosteniendo esta premisa, se está, entre otras cosas,
contribuyendo a mantener y perpetuar esas posiciones de poder de los distintos
actores sociales.
En la otra punta del ovillo encontramos el avance de las
prácticas en el ámbito laboral-empresarial. El crecimiento de este ejercicio
profesional pareciera ser directamente proporcional con la remuneración que se
obtiene, sobre todo comparándolo con las demás áreas.
“El clima
exitista fue propicio al boom del
psicoanálisis [...] todo iba mejor con la palabra [...] se fue instaurando, en
los actores de ‘lo psi’ una subjetividad, que fue costando cada vez más separar
del entusiasmo que sentían por participar de un modelo social-profesional
prometedor [...]. Todo esto encontró en los Servicios de Psiquiatría de los
Hospitales Generales [...] una profesionalidad identificada con un porvenir sin
obstáculos. En su perfil confluía el altruismo de una práctica que lucía
‘honoraria’ en lo hospitalario y provechosa en la consulta privada. Esa
ecuación de popularidad matutina y prestigio vespertino, reproducía la
tradicional imagen médica que la ‘peste’ freudiana había amenazado subvertir”
Blas de Santos, “De la necesaria distinción
entre orígenes y principios”[10]
Las residencias y concurrencias en Salud Mental comenzaron, en su mayoría, en los Hospitales Generales con los primeros Servicios de Psicopatología.
Con la aparición del psicoanálisis y la psiquiatría
dinámica, el trabajo en las residencias y concurrencias fue innovador y
creativo. Sabemos que la sociedad toda, por aquellas épocas (el período entre
el cincuenta y los setenta) fue un “bullicio”, entendiendo a este término en
sus dos posibles acepciones; como bullir continuo de ideas, pensamientos y
prácticas y como un estado permanente de ruido y “alboroto” en todos los
ámbitos, desde lo académico y político hasta lo artístico y sanitario, tanto a nivel
nacional como internacional.
En relación con esto es que encuentro, en las palabras de
Blas de Santos (ex-concurrente del “Evita” de Lanús), una mirada muy
interesante al cuarteto compuesto por el hospital, el psicoanálisis, el estado
y las prácticas en Salud Mental.
Luego del “fructífero” período, llega la dictadura y desapariciones, secuestros y exilios mediante, las prácticas en Salud Mental quedan fragmentadas y desmembradas así como todos los ámbitos antes nombrados.
Con el inicio de la democracia nuevos aires llegan y con ellos la RISAM[11] y, nuevamente, la posibilidad de los psicólogos de ser residentes; todo esto se logra a partir de la Dirección Nacional de Salud Mental, de la que estaba a cargo Vicente Galli.
Este nuevo renacimiento en la vida de la Salud Mental, se golpea de lleno con la pared del Neoliberalismo (o como se lo prefiera llamar) y con mayor o menor fortuna en uno u otro lugar, estos nuevos bríos acaban en lo que ya es historia reciente: “las políticas en salud se deslizan hacia el concepto de mercado de la salud. El Estado se retira de un lugar de garante de derecho [...] y tiende a dejar libradas las prestaciones al juego de la oferta y la demanda, con gran concentración de capitales y configuración de grupos empresariales. [...] La prestación gubernamental se reserva para acciones de corte asistencialista dirigidas a sectores marginados”[12].
El deseo
Un hombre encontró la lámpara de
Aladino tirada por ahí. Como era buen lector, el hombre la reconoció y la frotó.
El genio apareció, hizo una reverencia, se ofreció:
-Estoy a su servicio, amo. Pídame un deseo y será
cumplido. Pero ha de ser un solo deseo.
Como era un buen hijo, el hombre
respondió:
-Deseo que resucites a mi madre muerta.
El genio hizo una mueca:
-Lo lamento amo, pero es un deseo imposible. Pídame
otro.
Como era buen tipo, el hombre
pidió:
-Deseo que el mundo no siga gastando dinero en matar
gente.
El genio tragó saliva:
-Este... ¿Cómo dijo que se llamaba su mamá?
Eduardo Galeano, “Patas Arriba, La
escuela del mundo al revés”[13]
Vemos como es necesario conocer la historia y las distintas miradas, ideológicas, teóricas y políticas que hay sobre ella para comprender mejor la realidad actual, no para imitarla o sentir “añoranza por los buenos tiempos” sino para transformar el presente, teniendo en cuenta la historia, en pos de construir un futuro mejor. A partir de esto, se puede ver con otros ojos algunos de los planteos propuestos:
Por un lado, vemos que no es lo mismo trabajar de manera “honoraria” que ad-honorem; que sostener un ideal “grupal progresista” es bien distinto que aguantar solitario un sistema de salud y que el psicoanálisis no siempre es o genera lo mismo. En la actualidad, la “popularidad matutina” y el “prestigio vespertino” se transformaron en “hago una concurrencia a la mañana” y “con suerte consigo trabajo (de lo que sea y para mantenerme) a la tarde”.
Pero como dije, la idea no es comparar o valorar sino comprender y visualizar una problemática que parece ajena a todos nosotros pero que nos constituye y atraviesa cotidianamente. Explicitar y poder hacernos eco de esto, desde la conceptualización y la acción, redundará en mejores condiciones de trabajo, no solo para los agentes de salud sino para todos.
Estoy convencido que trabajar estas temáticas es también, hacer Psicología y en ese punto está, creo yo, una de las posibilidades para el cambio, sin pensar que se imposible, sino que hace falta trabajar, entre todos, para lograrlo.
Alonso, M.: “Por cada 949, un psicólogo ahí – Datos actualizados sobre la práctica
profesional”, Diario Página 12, 3 de febrero de 2000, Buenos Aires,
Argentina.
Antman, J.: “Salud Pública y
Comunitaria en la Formación del Psicólogo”, Contribución Libre para el VII
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Aires, 17 y 21 de marzo de 1997.
Antman, J. y Oller, G.: “Sociedad, Clínica y Formación, una articulación posible”, Contribución Libre para el II Congreso de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 22, 23 y 24 de septiembre de 1999. En Internet: www.estacioncultural.org.ar.
Balán, J.: “Cuéntame tu
vida – Una Biografía colectiva del psicoanálisis argentino”, Planeta,
Buenos Aires, 1991.
Clepios, Una Revista para Residentes
de Salud Mental: Vol. II N° 3 y 4,
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De Santos, B.: “De la necesaria distinción entre
orígenes y principios... o de cómo la cronología no hace historia”, en Clepios, Una Revista para
Residentes de Salud Mental, Vol. 2, N° IV, 1996-7, pág. 122/3.
Diamant, A. y Otros: “Testimonios
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[1] Galeano, E.: “Patas Arriba, La escuela del mundo al revés”, Catálogos, Buenos Aires, 1998, pág. 8.
[2] Freud, S.: “El malestar en la cultura” (1930), en Obras completas, Amorrortu Editores, Bs. As., 1991, Vol. XXI, pág. 85.
[3] Antman, J.: “Salud Pública y Comunitaria en la Formación del Psicólogo”, Contribución Libre para el VII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES), Buenos Aires, 1997. Puede observarse en Internet: www.argiropolis.com.ar/papers/0/0/62/ o www.estacioncultural.org.ar.
[4] Es importante aclarar que hago referencia a la Ciudad de Buenos Aires.
[5] Los datos expuestos en los puntos B y D corresponden a Alonso, M.: “Por cada 949, un psicólogo ahí – Datos actualizados sobre la práctica profesional”, Diario Página 12, 3 de febrero de 2000, Buenos Aires, Argentina.
[6] Galende, E.: “De un horizonte incierto – Psicoanálisis y Salud Mental en la sociedad actual”, Paidós, Buenos Aires, 1997, pág. 210.
[7] Sobre la formación del psicólogo, roles de los estudiantes y los docentes: Sainz de la Maza, M. y Antman, J.: “Acerca del aula como espacio de poder, la relación docente-a/lumno. Intentando conceptualizar una práctica.”, Contribución libre para el X Congreso argentino de Psicología, Rosario, 2000. Puede observarse en Internet: www.psi.uba.ar/carrerasdegrado/psicologia/salud2/primera.html o www.estacioncultural.org.ar.
[8] Aquí nos encontramos con otro problema que excede a este trabajo, la aparición del tercer sector y las consecuencias para bien o mal que esto conlleva.
[9] Queda claro que este es un pequeño recorte para analizar las prácticas hoy.
[10] De Santos, B.: “De la necesaria
distinción entre orígenes y principios... o de cómo la cronología no hace
historia”, en Clepios,
Una Revista para Residentes de Salud Mental, N° IV, Vol. 2, 1996-7, pág.
122/3.
Es interesante y recomendable para la lectura como este autor hace una excelente reflexión, lindante con la autocrítica, sobre la reacción que estas “subjetividades psi” tuvieron frente a la inminente llegada de la dictadura.
[11] Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental.
[12] Stolkiner, A.: “Tiempos Posmodernos; Ajuste y Salud Mental en Políticas en Salud Mental”, en Políticas en Salud Mental, Lugar Editorial, Buenos Aires, 1994, pág. 45/6.
[13] Galeano, E.: “Patas Arriba, La escuela del mundo al revés”, Catálogos, Buenos Aires, 1998, pág. 129.